● Aunque el uso de inteligencia artificial en Colombia ha crecido,
pasando del 18% al 34% en los últimos dos años, persisten brechas en formación
que limitan su aprovechamiento en el sistema educativo.
● Fe y Alegría advierte que el reto no es solo tecnológico, sino
formativo, y hace un llamado a fortalecer el pensamiento crítico y la educación
digital para evitar que la innovación amplíe las desigualdades.
La inteligencia artificial ha dejado
de ser una promesa para convertirse en una herramienta cotidiana en Colombia.
Su integración en aplicaciones de uso masivo, como plataformas de mensajería y
buscadores, ha acelerado su adopción entre los ciudadanos. Sin embargo, este
avance tecnológico contrasta con una realidad cada vez más evidente: el sistema
educativo no está evolucionando al mismo ritmo para formar a quienes hoy ya
interactúan con estas herramientas.
De acuerdo con el DANE, hace apenas dos años solo el 18% de
los colombianos que usan internet había interactuado con herramientas de
inteligencia artificial. Hoy, según estimaciones del Índice Latinoamericano de
Inteligencia Artificial (ILIA 2025/2026) y análisis del ecosistema digital, esa
cifra habría escalado al 34%, impulsada por la integración de asistentes en
plataformas de uso cotidiano.
“Colombia está avanzando rápidamente en inteligencia
artificial, pero el sistema educativo no está evolucionando al mismo ritmo. El
reto no es solo que más personas usen estas herramientas, sino que sepan
hacerlo de manera crítica y productiva”, afirmó, Wilson Piedrahita Restrepo,
director de Formación e Innovación Pedagógica de Fe y Alegría Colombia.
El desafío no es de acceso, sino de uso significativo. Aunque
el país registra avances en conectividad, con más del 65,6% de los hogares con
acceso a internet y más de 49 millones de conexiones móviles, la apropiación de
estas tecnologías en procesos educativos y productivos sigue siendo limitada.
La brecha se hace más evidente en el sistema educativo.
Mientras en colegios privados de estratos altos la adopción de herramientas de
inteligencia artificial con fines pedagógicos alcanza el 62%, en instituciones
públicas rurales esta interacción apenas llega al 9%, reflejando diferencias
estructurales en las condiciones de aprendizaje.
A esto se suma un cuello de botella crítico: la formación
docente. Según la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI, 2025), solo el
22% de los profesores en Colombia ha recibido capacitación formal en el uso
pedagógico y ético de la inteligencia artificial, lo que limita su integración
efectiva en el aula.
En este escenario, el debate educativo se redefine. El reto
ya no es únicamente ampliar la conectividad, sino asegurar que estudiantes y
docentes desarrollen capacidades para comprender, analizar y utilizar la
tecnología de manera consciente.
Frente a este panorama, Fe y Alegría Colombia ha comenzado a desarrollar
procesos de formación en la apropiación crítica de la inteligencia artificial, con
miras a implementar nuevas formas que impacten de manera consciente su uso en
las aulas de clase, especialmente en territorios vulnerables. A través del
apoyo a experiencias significativas que promuevan su aprendizaje e integren
estas herramientas, la organización busca que los estudiantes no solo las
utilicen, sino que comprendan su funcionamiento y las apliquen para resolver
problemáticas de su entorno.
“Colombia necesita pasar del uso intuitivo de la inteligencia
artificial a una formación consciente y crítica. No se trata solo de usarla
para responder tareas, sino de entender el impacto de estas herramientas y
aprovecharlas para generar oportunidades reales que impacten favorablemente la
transformación personal y social”, agregó Piedrahita.
Con esta apuesta, la organización hacer un aporte
significativo para el cierre de la brecha entre el uso cotidiano de la
tecnología y su aprovechamiento en procesos formativos, especialmente en
contextos donde la escuela cumple un rol clave en el desarrollo social y
educativo de las comunidades.
En ese sentido, Fe y Alegría advierte que este desafío no
puede abordarse de manera aislada y requiere una articulación efectiva entre los
sectores público, privado y educativo para garantizar que la transformación
digital avance con enfoque formativo y territorial.
En un país donde la inteligencia artificial ya hace parte de
la vida diaria de millones de personas, el principal reto es educativo. La
forma en que Colombia responda a esta transición definirá si la tecnología se
convierte en una herramienta de equidad o en un nuevo factor de exclusión.

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